Sweet Home

 Cuando tienes el chance de alejarte de todo, logras ver las cosas con más claridad. Después de una tensa  y monótona  semana  cargada de problemas, presiones,   preocupaciones, listas infinitas de cosas por hacer  no hay nada  más  conciliador que alejarte, irte a ese lugar que en tu infancia y adolescencia  fue mágico y en la adultez se convierte en un punto de partida lleno de melancolía y nostalgia por aquellos tiempos en los que fuiste feliz.  Llegar a ese lugar al que considero mi verdadera  casa,  mi guarida,  me llena de una felicidad,  una paz y tranquilidad  inexplicables.  Es allí donde por un momento logro olvidarme de todo y cuando despejo mi alma y mi mente las cosas pendientes resurgen  pero no me atormentan, logro descubrir donde estaban  mis fallas y errores, hasta se puede decir que logro  perdonarme a mí misma.

 

Cuando llega el momento de partir me voy plena y satisfecha, sintiéndome capaz de poder con todo aquello que en su momento me atormento. Me voy renovada, quizás triste por dejar nuevamente ese remanso de paz,  pero plena y satisfecha y aguardando el día en el que pueda volver…  

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